El enfoque comunicativo de la lectoescritura, que parte de los presupuestos del constructivismo, no puede considerarse como un método para aprender a leer y escribir, sino, más bien, como un conjunto de conocimientos contrastados que nos ofrecen la base teórica que debe regir el proceso enseñanza-aprendizaje.

Algunos de estos conocimientos, que rigen el tratamiento de la lectoescritura en nuestro centro, son:

Leer y escribir no es únicamente descifrar.

Es decir, decodificar el sistema alfabético. Saber leer y escribir quiere decir ser capaz de producir o interpretar diferentes tipos de textos en función de distintas situaciones y/o contextos. Desde esta perspectiva, no se aprende a leer y escribir, sino a leer y escribir textos diferentes con finalidades distintas.

Aprendemos más y mejor en contextos funcionales y significativos.

Por tanto, las situaciones de aprendizaje serán más eficaces cuanto más relacionadas estén con la vida cotidiana y los contextos en los que los “mayores” leen y escriben. Dar importancia a la funcionalidad de las actividades, deriva en que el niño no sólo se apropiará del código (m + a = ma), sino de todos los aspectos que se relacionan con el acto de leer y escribir: coherencia, vocabulario, intención comunicativa, formatos, géneros, sintaxis…

La construcción del proceso de lectura y escritura en el niño pasa por una serie de etapas o fases (niveles de conceptualización lingüística) que son comunes para todos.

Estas fases se basan en la “hipótesis” que mantiene el menor sobre el código lingüístico (cómo cree que se escribe). El paso de una fase-hipótesis a otra se produce por lo que conocemos como conflicto cognitivo: al contrastar sus hipótesis con la realidad, el niño encuentra limitaciones que le llevan a reestructurarlas. De este modo, va aproximándose cada vez más al sistema alfabético adulto.

El paso por estas etapas depende más de la experiencia que de aspectos cognitivos.

Desde esta perspectiva, cuanto más lean y escriban, mejor. Es imprescindible que tomemos conciencia de que el lenguaje forma parte del medio en el que vive el niño y que el entorno proporciona mucha estimulación: carteles, televisión, objetos, mercados… Esta situación nos lleva a comprender que la lectoescritura no es únicamente una tarea escolar, sino una parte fundamental de nuestra vida diaria.

La parte afectiva y emocional es fundamental en el aprendizaje de la lectura y escritura.

Si conocemos y damos valor a las distintas hipótesis que mantienen los niños en su proceso de construcción de la lectoescritura, contribuiremos a aumentar y consolidar su sensación de eficacia (relacionada muy directamente con el autoconcepto y la autoestima). De este modo, el niño considerará que “sabe” leer y escribir (aunque no lo haga aún como un adulto) y, en consecuencia, tenderá a leer y escribir más. Todo lo anterior derivará en que los pequeños avancen de forma más rápida por los distintos niveles de conceptualización lingüística.

No se trata pues de buscar un “método” comunicativo o constructivista de enseñanza de la lectoescritura.

Sino de adecuar las situaciones de aprendizaje (actividades, técnicas, propuestas, secuencias…) en función de estos presupuestos que, en la actualidad, constituyen la base científica más aceptada a nivel mundial en el campo del desarrollo de lectura y la escritura.

Por todo lo anterior, nuestro centro tiene claro que no puede limitar el tratamiento de la lectoescritura al desarrollo de destrezas relacionadas con la  discriminación de sonidos y formas gráficas o la correspondencia entre sonido y grafía… es decir, a la decodificación del sistema alfabético. Este sería un planteamiento muy limitado que, además de ignorar todos los presupuestos anteriores, olvidaría una cuestión muy importante: que detrás de la mano que escribe, de los ojos que miran y de los oídos que escuchan, hay un niño que piensa.

Enfoque Comunicativo

PARA SABER MÁS

Algunas de las obras básicas que podríais consultar para profundizar más en el enfoque comunicativo de la lectoescritura y los planteamientos constructivistas sobre el tema serían:

CARLINO, P. y SANTANA, D. (coord) (1996). Leer y escribir con sentido. Una experiencia constructivista e Educación Infantil y Primaria. Madrid: Visor Aprendizaje

D’ANGELO, E. y OLIVA, J. (2003). Lectura y escritura en contextos de diversidad. Madrid: Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid.

FERREIRO E. y TEBEROSKY A. (1979). Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño. México: Siglo XXI.

FONS ESTEVE, M. (2009). Leer y escribir para vivir. Barcelona: Graó

MARUNY, L.; MINISTRAL, M.; MIRALLES, M. (1995). Escribir y leer. Materiales curriculares para la enseñanza y el aprendizaje del lenguaje escrito, de tres a ocho años (3 volúmenes). Madrid: Ministerio de Educación y Ciencia – Edelvives.

NEMIROVSKY, M. (1999). Sobre la enseñanza del lenguaje escrito… y temas aledaños. Barcelona: Paidós.

TEBEROSKY, A. y TOLCHINSKY, L. (comp.) (1995). Más allá de la alfabetización. Madrid: Santillana.

D’ANGELO, E. y OLIVA, J. (2003). Alfabetización hoy: un nuevo desafío en el marco de una constante preocupación. En “Lectura y escritura en contextos de diversidad”. Madrid: Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid.(DESCARGAR PDF)

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